Jueves, 22 de julio de 2010 a las 11:04
Por Mario Gómez López.
No siempre el ser humano tiene ocasión de despedir a un gran amigo, Desde luego que esta despedida y esta amistad tiene la grandeza de darse en un escenario político-histórico particular, donde tras 20 años de cuatro gobiernos de la Concertación en el poder, la derecha bañada de perfumes democráticos logró recuperar la Presidencia de Chile y todo lo que eso contiene en términos de poder.
Don Luis Corvalán Lepe fue figura clave y fundamental para que la izquierda chilena se uniera para elegir consecutivamente como Jefes de Estado, desde Patricio Aylwin hasta Michelle Bachelet, pasando por Lagos y Frei .
Este recuento es, si se quiere, una forma de entender como finalmente la derecha histórica y la nuevas fundada, orientada y empujada por el más feroz dictador que haya conocido la historia de nuestro pais y bien podemos agregar, de América Latina.
Nombrar a Pinochet no es ocupar espacio que margine de este comentario a los partidos y en particular a la de un hombre singular, por su figura de pueblo, su experiencia otorgada desde su niñez, por ese mismo pueblo cuando nació en Chiloé y se proyectó desde allí a ser alumno de la Escuela Normal de Chillán y retirarse con el título de maestro primario y una formación de lucha contra las causas de la pobreza de nuestro pueblo y de la obligación de vincularse como luchador social al Partido Comunista de Chile del cual fue secretario Nacional y Senador de la República en dos ocasiones.
Un hombre de su talento y visión clara y precisa de los que el pueblo chileno requería para zafar las amarras que imponía el gobierno casi eterno de los señores poderosos del agro, la minería, la Bolsa de Valores, inversiones en países cercanos y lejanos y una relación estrecha con la derecha internacional y de las grandes potencias. Ejerció el periodismo en el diario de su partido y antes de ser elegido senador, concurría como reportero a las sesiones de la Cámara de Diputados y al senado de la República.
Pero don Lucho fue siempre un periodista de cepa dura y dulce, conversador, captador de los inteligentes y risueños con los tontos. Pero jamás nadie pudo cargarle el adjetivo de arrogante, por sus apariciones públicas, cuando fue el que materializó el libro de Pablo Neruda, viviendo en Valparaíso. Y fue impreso y distribuido en Chile y buena parte de los países más importantes del mundo.
Con los periodistas vivía una relación de tallas, bromas e invitaba una vez al mes a almorzar a su casa. En esas reuniones el buen humor era el sello que llenaba la calle Bremen en Ñuñoa, no muy lejos de donde falleció ayer. Los riñones al jerez eran una de sus debilidades y motivo de complicaciones obvias porque Lily cuidaba al milímetro el estado de su salud.
Lily, su esposa, era la mejor fabricante de los porotos granados transformados en un plato que los rusos no comían y que los chilenos por su culpa, lloraban políticamente porque don Lucho, aunque vivía en un departamento con héroes astronautas, jamás aprendió ruso, ni lo intento, pero cuando paseábamos los domingos por el Jardín Botánico de Moscú, la gente se detenía y lo aplaudía. El se sacaba el sombrero, pero en realidad no se tapaba del sol sino
de aplausos y saludos cariñosos.
Nombrar a Corvalán en cualquier restaurante que ofrecía a la vista una cola de 120 personas en horas de la noche, era un desafío. Yo solía acercarme a los guardias y simplemente les decía:
¡ CHILE, CORVALAN.....!.
Y de inmediato salía un atento señor que nos llevaba a la mejor mesa disponible.
Su alma de periodista la saciaba sugiriendo reportajes. Decía:
- ¿Por qué no viaja a la ciudad de los astronautas y entrevista al astronauta cubano que debe salir al espacio en dos semanas más? Pues lo hice, y mi diario UNOMASUNO donde trabajaba en México, aprovechó estas ventajas, pero en la noche retrasaba mis despachos porque el servicio en el restaurante olímpico era lentísimo. A todos los garzones los habían traído de otras repúblicas soviéticas y de idiomas sabían cero.
Todo lo que fue nuestra convivencia con don Lucho en el exilio fue entre hacer recuerdos, comer comida chilena, gracias a la inigualable Lily, y pasear por el Jardín Botánico.
Hoy, Luis Corvalán Lepe, está ya en el salón rojo del ex Congreso Nacional de Santiago. Iré a visitarlo, no podremos conversar, pero al mirarnos sonreiremos, lo percibiremos los dos, ustedes no. Ustedes deben optar por algo más grande. EL LE DIRA QUE LA UNIDAD DEBE SER ETERNA, PERO QUE PRIMERO HAY QUE DERROTAR A LA DERECHA.
miércoles, 18 de agosto de 2010
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