viernes, 4 de junio de 2010

LA VIDA NO NOS HACE IGUALES... PERO

Crónicas de un Reportero

Por Mario Gómez López y su Grabadora

Una explicación necesaria: Estuve ausente, sin llenar el espacio con historias del pasado y hechos de ayer, hoy o mañana y que son el equipaje natural del periodismo, en particular de los reporteros, los que caminan, que no asisten a festines oficiales y que cumplen su labor a pie cuando un desastre ocurre en la lejanía y en el bolsillo sólo hay deudas y en las piernas y el espíritu- que es la herencia de los grandes en esta profesión, hechos a puro ñeque- sin amigos en las alturas pero con la fraternidad pura forjada en el barrio, o en los pueblos donde nacieron, que nunca fallan ante el axioma “¿Me podís ayudar? “

Y de repente, cuando se es veterano en estas lides con 84 años cumplidos, fallece Berta, la Gómez más chica entre los cinco hermanos Gómez López. Primero la Inés, la mayor, luego José que acaparó todo el talento y se instaló en el panteón del Círculo de Periodistas en un funeral en que todos sus colegas querían decir algo del viejo Pepe.

Más tarde , en Talca, Roberto, el tercero de los hijos de Rosa López y el santanderino Manuel Gómez Escobedo. El único de la familia con título universitario: fue farmacéutico.

Quedaba yo, el menor de los varones y Betty, la menor de todos . Y ella falleció en fecha muy cercana a su hermana Inés y yo claudiqué, no me sobrepuse, las cuatro muertes consecutivas de mis hermanos era demasiado y yo quedarme solo , de a pie como dirá siempre el charrúa más derecho y real,
Benedetti, periodista y poeta que produjo una versión moderna del pobre en cualquier latitud: “un hombre de a pie”.

Larga explicación porque sentí vergüenza de fallarle a mis anfitriones en estas páginas. Hoy, tras explicar que habemos hombres de a pie y que de enfermos, de conversar noches a pedazos y noches enteras en diálogos sin fin, sacan cuentas. En mi caso, que soy el último que queda de los Gómez lópez.

Bahía Blanca recibió en este mundo a Pepe y la Inés y Temuco a mi y Roberto y Angol a la menor.

Perdonen la letanía de la muerte de esta gente de izquierda, que me guiaron en la vida, con la que peleamos en el patio de la casa vieja en una cadena de Temuco, Angol, Concepcion, Traiguén y Santiago. El último aspira a irse con la despedida de Margarita, mi esposa, Mariángel y Beatriz de 23 y l4 años aún estudiando para borrar la abstinencia estudiantil del viejo de su padre,

Que los lectores de este espacio me perdonen porque aún me invade la pena y perdonen también la ausencia de un viejo ligeramente afectado en la memoria y en los músculos por lo ya vivido.

Volveremos a todas las instancias de este recurso libre para luchar por lo de siempre:ustedes, los trabajadores en todos sus niveles, donde el hombre dueño del pode, destruye con extraño deleite en las bolsas financieras, este planeta en que vivimos y que es de todos.