El domingo por la noche la TV ofreció un menú distinto, con cierto aire juvenil de los dos protagonistas que estaban en pantalla, Uno era el ex diputado y ex candidato presidencial, con dos apellidos políticos, Ominami y Enríquez, sin militancia política partidaria, pero que intentó clasificar para llegar a La Moneda con un discurso parisién, donde vivió su infancia y su certeza de que la Izquierda en Chile requiere de cirugía mayor, vieja receta del socialismo francés triunfante con Miterrand.
Un programa de TV en el que el politólogo de apellido Navia, dominó a su invitado con referencias personales, al parecer resultado de aventuras –nadie entendió si sanas o no- de la vida en común, llena de cariños y recuerdos envueltos en una seda transparente de complicidades gratas y personales, pero no políticas.
Mi suegra, de visita en casa, preguntó a la hija periodista y al yerno también periodista.
-¿Pero este niño de París acaso no quedó fuera de la elección?
Dadas las explicaciones ella refunfuñó con agrado, pero igual reiteró que no entendía tanta alegría y desparpajo en el diálogo televisivo.
Y cabe preguntarse: ¿Entonces el objetivo estaba cumplido, la alegría era justificada y ahora a reemplazar a la concertación por vieja, inoperante, derechizada y apichangada.
¿Se puede ser tan simple como sostener que esta concertación adolece de esos males si fue el arma letal para sacar del poder a un personaje lleno de poder y de sangre?
Nadie tiene derecho a imponer con el poder del dinero no siempre bien habido, para decir que los hijos políticos de Pinochet sacarán de su tumba al ex caballero andante de los asesinatos de a dos, tres, una docena, cientos, miles…?
¡Puede un político en el año dos mil diez asumir la paternidad de los esbirros del dictador, porque él en París sacó cuentas y comprobó que todo debía ser reestructurado en Chile para reencaminarse por la oscura senda por donde ya “se fueron” muchos presidenciables que traicionaron sin ninguna denuncia a sus pueblos?
Hay una profunda liviandad y una estropeada cultura política que permite a una joven figura de la TV parisién lanzarse al dulce de lo fácil y creer el camino abierto para que los hijos bendecidos por Pinochet hereden su mando.
Si le damos vuelta a este asunto, llegaremos a la conclusión de que la política chilena está fácil, por el candidato Piñera en pleno juego de sus cambios verbales y faciales y la bondad que se sube como la leche hervida dando fé por su amor al pueblo y a los pobres.
No ha nombrado a ningún Banco, ninguna aerolínea, pero no ha podido destruir la documentación.
Sin el ánimo de encontrarle el carozo a la breva, digamos que LAN Chile, creada por el Frente Popular y el viejito chico de nuestra historia, está en la mira internacional por violaciones de ella y otras compañías del mismo rubro.
Que un chileno avecindado en Cuba, generelísimo y confidente-profe en su trabajo político de candidato, residía en Cuba tras defender con metralleta la embajada de Cuba cuando Pinochet ordenó ocupar el recinto. Fue condecorado por el gobierno cubano. Muchos me preguntan en la calle: ¿Cree que Fidel le quitará la medalla por su juego político y sus afanes capitalistas de ser dueños del 4 por ciento de la propiedad de LAN, mientras el “pobrecito” candidato de los hijos de Pinochet tiene solamente un dos por ciento.¡Les alcanzará ese dinero para comprarse en un avión yanqui que los lleve bajo protección a USA?
Sacar cuentas de esta índole es parte de la historia de la derecha en este país.
La Concertación tiene sus yayas, si, pero por lo menos los procesan y a algunos los juzgan pero los dejan libre de polvo y paja.
Hagamos votos porque MEO retorne a un repaso escolar en Francia y se informe de lo que fue el Frente Popular en ese país, y el nuestro, el FP criollo en Chile. Hasta LAN nació bajo su alero de financiamiento.
El Escribidor reconoce que el adversario es Piñe y sus adorados Pinochet chicos.
Retornaremos a esa senda.
martes, 5 de enero de 2010
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