martes, 3 de mayo de 2011

CRONICAS DE UN REPORTERO

Por primera vez en este medio utilizo crónicas , que fue mi primer ingreso opinante en el periodismo fuera ya del deporte en donde estuve unos 10 años, luego incursionando en misterioso mundo de crímenes´, el periodismo policial, cubrir las noticias con sangre, los robos de bancos que siempre venía a realizarlos el Loco Pepe, argentino, y un uruguayo del que olvidé su apellido y retorné sobre mis rastros del deporte, combinando radio, diario, TV y de nuevo al papel y la radio viajando en una grabadora en la visita al Papa Paulo Sexto a Tierra Santa donde descubrí que la Coca Cola se vendía a gritos en el piadoso recorrido de Jesús amarrado a su cruz, similar a la que sostuvo a Espartaco, quien como líder de los esclavos, fue enlistado entre aquellos que quedaron clavados en ese estadio Nacional o mundial del escarnio, con torturas, flechazos por creer en Dios. Hollywood, allí mismo consagró a Kirk Douglas como un santo, aunque era guerrero que luchaba a la cabeza de los esclavos.

Recibí palos con un reportero inglés por oponernos que lo conectaran a él a Londres y a mí al lejano Chile en Radio Minería. Todo esto desde Jordania, una jauría de reporteros de todas las latitudes, pero de Sudamérica, solo Chile.

No sufrí emociones particulares, se repitieron golpes policiales con garrotes, cardenales y obispos por el suelo y al final, por la VÏA DOLOROSA., con vendedores ofreciendo Coca Cola a un dólar, llegamos al Santo Sepulcro y en medio de la ceremonia un apagón y los rezos voluminosamente altos, retornamos de bajada, a la radio Real, si, la del Rey de Jordania y pude trasmitir aquello.

Honestamente no todo fue recogimiento para mí. Paulo Sexto no recibió daños, sólo plegarias y los periodistas palos y amenazas de que no les trasmitirían su trabajo escrito o grabado. La TV nada, pues volaban aviones sin bombas italianos, llevando las mismas grabaciones que yo enviaba a mi radio en Chile mientras seis periodistas españoles y dos sacerdotes, le gritaban a Franco que estaba en Madrid: Contesten el teléfono, por la virgen, coparon su tiempo sin que los atendieran y a mi si, porque era de país chiquito, tiernos, sorprendente para el poder de una dictadura española tantas veces ignorada por la Iglesia, otra frunciendo el seño, pero jamás un gesto de gracia, de comprensión. Los franquistas, ocho en total, se quedaron con sus reportajes entre las piernas.

Todo esto lo recuerdo particularmente porque fue un trabajo periodístico rodeado de gente santa, curas de los pueblos o cardenales del Carillón. Paulo Sexto estaba agotado, lo exponían a un escrutinio publico en un país árabe y hoy el Vaticano no dice nada porque a un santo “Talibán” o asesino de raza Mora, que no provoca ternura como mis 6O amigos de San Miguel, que es una historia del hombre, en el sentido más allá de pantalones o faldas, que construyeron una historia, hermosa, una lección de verdad, de amor, respeto, con pena de exilio, desde España a Francia huyendo de Franco y desembarcando en Valparaíso, construyeron la realidad de respeto y amor familiar. Son sesenta en total y la madre tiene 100 años y sus seis hijos formaron la familia que lideró Homero García. Sesenta o más –debo precisarlo que hoy son una familia con la misma sangre- con el mismo amor de parientes que salvaron sus vidas huyendo de un tirano, protegidos por un pueblo y gobierno chileno democrático. En l939, ocupando todos los rincones del barco Winnipeg.

Una lección: más de 6O personas asiladas en Chile, luchadores los mayores con una transparente y maravillosa historia de amor fraternal. Así como reporteé Tierra Santa con Jesús y un ejército de cardenales y obispos y rotos árabes que en voz baja decían Mahoma, en Chile los exiliados españoles, como muchos chilenos en igual situación en Australia o Europa, le dan una lección al mundo.