Pensaba que ¨*plan Zeta en Aysén” era un título mas apropiado para la profunda tristeza que me embargada tras informarme que once personas reunidas en Coihaique -presididas por la señora Intendenta- aprobaban en horas de la tarde la creación de una “monstruosa” empresa autorizada para instalar cuatro centrales que recorrerían 2.000 kilómetros hasta la zona central con agua embalsamada en una infinita cañería de extensión, lógicamente hasta Santiago, para solucionar el problema de abastecimiento que afecta a la zona donde hay más empresas y empresarios, donde hay más chilenos que necesitan saciar la sed y cocinar sus comidas diarias y terrenos que requieren riego permanente para producir el mejor vino que se vende en el mundo.
Las ventajas de hacer ese vaciamiento de Aysén las expuso la señora intendenta con emoción y alegría, porque el resultado de la votación fue de 10 votos a favor y una abstención.
Este fue el hecho noticioso más desconcertante, irritante y burlesco que por el dinero acumulado en la zona central del país se necesita más energía para que gane más y más dinero los que “patrióticamente” provocan ingresos en divisas que se transforman en inversiones fuera de Chile y en regar copiosamente las fértiles tierras donde producimos un vino que dejan notables ganancias a sus no muy numerosos productores.
Sigo con pena, porque no hay claridad en la denuncia que corresponde hacer por este atentado al espíritu chileno que ya fue manchado en la persecución a los mapuche, que ya fue manchado en el abandono a Edén, entre otras, hacia el final del territorio marítimo en el sur.
Señores lectores, Aysén nación por una necesidad de proteger la propiedad de ese territorio limítrofe y para ello se recurrió a una colonización que se alimentó de presos comunes que cumplían condena en la penitenciaría y otras cárceles de la zona central. Se les hicieron cursos de patriotismo, como anticipo de la ironía que supone hacer eso para al final entregar el abastecimiento de agua a la zona central donde, ya lo dije, está el capital extranjero en sociedad con el nuestro, enormes ganancias en el juego de alzas y descensos del precio del dólar y de la protección que el Estado chileno, y no sólo ahora, que con las puertas abiertas se le brinda a los que ya no tienen donde invertir excepto las continuas guerras dolorosas y las más dolorosas guerras mundiales.
Aysén ha sido un negocio que ha durado mucho desde 1927 cuando el presidente Ibáñez ordenó lo ya relatado. Nunca les ha faltado el agua ni el frío ni menos el abandono y la soledad, y en ocasiones aislamiento por meses de “su patria” que debía protegerlos.
Con mucho dolor de chileno que conoce Aysén, como Hijo Ilustre, por los reportajes que allí realicé a través de Radio Minería, me atrevo a decir que no se puede aceptar 2.000 kilómetros de cables transportando electricidad viva para depositarla en la zona central donde necesitan conectarse con los financistas argentinos para continuar construyendo el cementerio del pobre y la Navidad diaria de los que tienen dinero.
Para cerrar, es justo destacar que la Comisión que aprobó ese atentado casi criminal o criminal que una vez más se utilizó a una mujer para que encabezara esa entidad de la presidencia de la República para que otorgara esta ventaja para los que tienen mucho y enfríe más el alma chilena en esa zona tan hermosa y de chilenos tan viriles.
martes, 10 de mayo de 2011
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