Por Mario A. Gómez López
Me sorprenden quienes escriben a este periodista para decirle que siga, pero que toque determinados puntos. UNA LECTORA ME DICE QUE LE PIDA A LOS FUTBOLISTAS MUNDIALISTAS QUE HAGAN UN LLAMADO A TODOS LOS CHILENOS PARA QUE ELIJAN COMO HEROINAS DEL BICENTENARIO A LAS ESPOSAS Y FAMILIAS QUE FUERON VÍCTIMAS DE LA BARBARIE VESTIDA Y UNIFORMADA.
Cuando digo vestidas me refiero a la clase alta que se movilizan en el barrio alto para exigir que el “modoso” alcalde de las casas lindas llame a plebiscito comunal cada vez que enflaquecen las calles y desplazan a los automóviles para que construyan hermosos lugares de esparcimiento.
Pareciera que allá arriba, entre Farellones y más abajo en Providencia, en todo ese rectÁngulo que espera que el Mapocho sea navegable y que la iglesia le levante monumentos a sus sacerdotes líderes pero en pecado mortal, y no a los buenos, el cura de mi pueblo, esos jesuitas que a veces tienen pinta de papá de uno mismo, pero además contenidos sociales que los hacen empatar con los papás civiles, se mantienen a sus marcas, listo ya, para que la Iglesia no abandone a los pobres y los pobres no abandonen a las huestes del señor Papa. ¿Podría darse esto?
El Hogar de Cristo podría ganarse la representación de todos los almacenes de barrio, esos que venden azúcar mojada porque se sienten abandonados de la mano del poder, cobijados por el respeto de la gente y con el “fiado” que es un contrato entre pobres sin propaganda televisiva. ¿Tiene uno de esos amigos en su barrio? Cobíjelo en su maltrecho presupuesto y exíjale que sume y no multiplique.
Como ven, de repente somos parte del folklore de la pobreza, que lo es porque en cualquier sector mojado del Chile pobre, se escucha la música sentida, esa de los amores juveniles con asomos de boleros, volviendo a ser viejos no por la pena, sino porque el paisaje para los de a pié, no cambia y el barrio alto si cambia. Y eso saca pica sobre todo cuando en mi casa mis dos hijas no saben donde están sus paraguas. Y yo cero plata en los bolsillos y la mamá trabajando a nivel de Cepal, sin auto, porque se lo robaron del supermercado del elefante donde cuidan los autos de los clientes en subterráneos muy “mononos”. Aunque el cacharro tenía sus años, mi señora lo cuidaba. Pero llorarlo sería exageración.
Hay que hacer gimnasia, y ganarse un lugar en la pisadera del metro o el bus. Por eso esperamos con ansia la posibilidad de que el Mapocho sea navegable, para que tengamos otra chance para llegar donde nos pagan porque allí trabajamos.
Esta disgregación tiende a abordar los temas que pasan de largo. Porque ya tocamos esa falsedad con música de que nos haríamos pipí de gusto porque veríamos todo el mundial de futbol y no, como ocurre, apenas. Los rotos nuestros, -el calificativo chileno de la enorme dignidad en la historia- se dan el gusto de columpiar a la prensa de la FIFA en las conferencias de prensa.
Todas las comas y los puntos, son estornudos que orquestan el himno a la vejez que aguanta las lluvias y otras penurias fuera de casa, con el estoicismo de tantas luchas por cosas que se lograron. Pero creo que el cierre a este ¨Que diablos opinemos, sería repetir:
ELIJAMOS a las viudas y cabros chicos que quedaron guachitos, enarbolando el triundo de los pobres del mundo y de los que se matriculan con la justicia para ellos. Y si no somos campeones mundiales de futbol, seremos campeones de la consecuencia del ser humano en este país largo, huesudo, fuerte, cariñoso y que YA estamos aprendiendo la cachaña de nuestros amigos argentinos que nos prestaron a Bielsa para que hiciera navegable el Estadio Nacional.
Aquí pretendo homenajear a Bielsa, porque en su país lo trataron mal, como a San Martin en más de una ocasión y ahora… Punto, no nos metamos en política internacional dado que un colorín que representó a Aysén en el senado, es nuestro embajador en Baires. Si se enchuecó con la DC que no haga lo mismo con Chile.
viernes, 18 de junio de 2010
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