Lunes, 12 de julio de 2010
Por Mario Gómez López
El “encabezanamiento” de esta crónica de un reportero, es como la taza con té cuyo contenido filtra un colador. No se ha discutido que es más importante cuando uno acude a unas “onces” y le ponen esos instrumentos en la mesa e iniciar la conversación. El Té, en esencia, se ha convertido como un artículo esencial en el “pelambre”, ese hábito de las cinco de la tarde, una hora de poemas y de poetas y de pelotas peladores de ambos sexos y cabros chicos que intervienen porque los grandes nos convencimos que solo ellos, los papás por ejemplo, saben más de estas cosas redondas que los chico.
El preámbulo surge de una pregunta: ¿Por donde agarro el mundial de fútbol, como pelambres que pertenecen a la hora del té?
Primero fue fabuloso el escenario. En medio de la pobreza, en el almacén de la historia donde se guardan las peores hambrunas, muertes violentas, violación de todos los derechos humanos, llegan unos señores europeos que ya conquistaron a los países de otros continentes, para vestirse de magnánimos millonarios que exigen que se construyan dos estadios de ese tipo: MILLONARIOS.
Precisado el escenario, pensemos en la gente que acudió a los partidos. Por la TV nos dimos cuenta que los africanos, esos de piel oscura y poca ropa encima, se entretuvieron más con sus trompetas de origen plebeyo, que con la rígida organización militarizada que advertimos en las gradas y sobre todo en la tribuna oficial,
El resultado final fue justo. España mereció la corona porque jugó con delanteros hábiles, menudos de físico y facilidad de movimiento, con lo que en el básquetbol se llama “reversa” o “amague o finta” y la cabezota del marcador central que se iba al ataque en los centros para descabezar la pelota, al portero y a quien se le pusiera por delante. Todo un personaje de aquellos que les cuesta subirse a un bus en movimiento, pero no meter su cabezota para que España se inscriba como Campeón Mundial de fútbol.
¿Por qué entonces ese sentido crítico? Porque se recaudaron demasiados millones de dólares en recaudaciones, en gastos de viaje, en premios a jugadores, entrenadores, recepciones a una Reina –pues la de España- y alegre como una primavera tras otra corona sin que haya asomo alguno de que los españoles, sobre todo los reyes, mandan en España. Y mi padre, de Santander era el rey de nuestra familia con un palacio ñecla pero habitable.
También molestó el fútbol, la manera de jugarlo, mostrara cambios como los mostró el país anfitrión con negritos tan bulliciosos y amistosos, con un Maradona apabullado, pero no callado. . ¿Cuánto comieron ellos, los dueños de casa, y los turistas de la pelota inflada?
Vale esto de pelota inflada. Porque los medios de difusión crearon un clima de fiesta mundial, conquistando un éxito de promotores insignes. Pero el fútbol no fue lo más exuberante, ni lo más fino, ni lo de mayor calidad. La FIFA promovió la libertad no en el juego, sino en la vida de Sudáfrica, la ratificó, se atrevió y el fútbol nos permitió como están ahora con un Mandela que fue el sueño real de tantos niños ahora grandotes, que lloraron sus años de cárcel, que llevaron a la ONU el desgarro sangriento de dos países supuestamente civilizados que amasaron la piel y las entrañas de unos negritos que hasta hoy nos emocionan y hasta hoy andan con el rabo todo lo demás casi al aire…Y HACE FRIO Y HACE HAMBRE Y FUERON CAMPEONES DEL SOPLIDO DE SUS TROMBONES MILENARIOS.
Fuimos víctimas de una fiesta de palabras, de árbitros torpes que soplaban el pito con los pies, de un volumen de amistad emocionante y que llenaron sus excesos de Estadios que deberían reposar en Nueva York o Londres, glorias del Capitalismo o Moscú, pues de los otros.
Creo que este mundial tuvo un campeón más amigo del verdadero fútbol, que los otros que muchas veces nos recordaron países que invadieron. Se fueron y no construyeron nada, sólo supieron destruirlo, aumentar a los sin vidas en el eterno ranking de los conquistadores según la historia.
No por nada, pero ¿por qué algún comentarista no nos contó si existen gordos en Sudáfrica, su horario de comidas y qué comen? En eso la TV le faltó humanidad a la fotografía de tantas trasmisiones e impresiones, que fueron por l00 mil Km. de largo, mucho más que el futbol como expresión de habilidad extraordinaria para justificar tanto despilfarro.
En el pauteo de los que cubrirán el próximo mundial en Brasil dentro de cuatro años, por favor incluyan cómo es la gente, cómo viven, ¡somos hermanos ¿0 eso es una falacia turística para recaudar más dólares? Total, en mi familia y en la suya amigo lector, quisimos a nuestros hermanos, ¿verdad?
A mi no me queda ninguno, pero los tengo conmigo porque ya nos reuniremos para pelar este mundial y todos los mundiales que tienen más dólares que habilidad.
viernes, 16 de julio de 2010
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