sábado, 5 de junio de 2010

FIFA, PUBLICIDAD NEGOCIOS, BIOGRAFIAS DE UN CUANTO HAY

Los mundiales de futbol dan para cualquier cosa, insertando en el tema picadito de política, como que en la sede actual existía el mismo país, bajo el comininio colonizador y criminal de Gran Bretaña y Holanda –un país emcantador poblado por seres humanos y hélices gigantes que mantienen el movimiento perpetuo para regar tulipanes, habitantes gentiles, amantes de la monarquía y los trajes largos, etc.etc. Pero más que el incesante girar de esas aspas de molino que enojaban a don Quijote, indignaban en largos siglos como símbolos de la barbarie blanca contra los países africanos donde deberá realizarse el mundial de fútbol.

A patadas con la historia, los colonizadores siempre hambrientos de riquezas –minerales en este caso- dividieron el continente en africanos sin derecho a nada, tal vez el derecho a ser víctimas del celoso bandolero con bautismo papal en una de sus ramas, y hambriento de riquezas desde el oro a los diamantes y sustancias escondidas en la oscuridad de la ciencia de entonces, que alumbró sus proyecciones con el uranio para alcanzar la barbarie de lanzar dos bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial.

Los africanos contribuyeron no al fútbol, los ingleses sí, junto a compañeros capitalistas del rango de EE.UU. que entró a la guerra total luego que los ingleses entregaran sus secretos atómicos, algunas colonias, menos Africa. Todavía no se explica bien el por qué ese cariño de Inglaterra por quedarse con la pobreza mortal de los negritos que siempre vivieron en barrrios de una sola calle y prohibición de usar el agua para uso personal.

Estas exageraciones aparentes son un resumen de esclaviitd y muerte en cortos plazos. Pero la libertad no tiene otro dueño que aquel incansable luchador contra los esclavizadores. Hoy Sudáfrica está dividido entre la riqueza y la pobreza, herencia del pasado, pero libre con Mandela de un Premio Nobel de la Paz, tras permanecer más de 30 años prisionero de los invasores y verdugos de sus compatriotas esclavos, Hoy Sudáfrica florece, con heridas graves por sanar en la vida de muchos que quedaron apartados del progreso hasta que sus hijos conocieran y apreciaran la Nación liberada, como un ejemplo para la humanidad.

El equipo chileno lleva miles de saludos futbolísticos, seguros de si mismo, optimistas porque necesitan serlo empujados por la suerte de la política local, donde los que mandan despiden a los jugadores con “palmadas presidenciales en el poto”, como si fueran a competir en un café con piernas.

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