CRONICAS DE
UN REPORTERO
Por Mario Augusto Gómez López
Estimados amigos editores y lectores:
Que este periodista desaparezca de las pantallas de un nuevo periodismo para él, no indica que yo sea víctima de este desordenado sismo en que la joya de la tecnología ha quedado por debajo de las olas y sobre tierra firme en edificios, calles, las casitas pintadas de todos colores, la senda del amor juvenil tierno de las faldas de los cerros y en el techo sutil, bello y casi como una trinchera de privacidad, los enormes pinos, los álamos del sur desarrollado o las subidas en los puertos de portada del talento de cualquier pintor de renombre en nuestra larga y tortuosa geografía con vista al tsumani y la planicie y sus cumbres que son el escenario de la barbarie de la naturaleza a la que tanto amamos. Pero los errores de un producto que no es madera, los errores de los expertos para cuidar y avisar la culpas del mar, las fiebres que la tierra reparte desde el lejano oriente, al feroz canal Drake en el cruce con Argentina en el sur.
¿Cuántos contrasentidos que interpretan como de pasada la violencia de nuestra tierra tan llena de recovecos? Un país, hablando sólo de la tierra, que rompió las barreras de ciencia especializada en proteger al ser humano de las barbaries casi programadas con toda la variedad que va del amar hasta el sismo que se mueve y no para. Hubo fallas humanas delicadas, graves y gruesas en el respeto debido a la máxima autoridad del país, demorando casi cuatro horas la llegada de un helicóptero oficial para acudir a la zona del sismo.
El ser humano, creador por esencia, ha sido capaz de conocer todos los secretos de ese mundo ya dibujado, pero no logra eliminar los errores o las señales de humo no precisamente de cigarrillos, de quienes en ocasiones violan reglas de mando y no se contacta con el gobierno que manda por decisión de su pueblo. ¿Como ocurrirá con Piñera, claro, el es varón?. Vaya chiste después que la historia se detuvo veinte años de angustias, muerte y crueldad sin límites. Y finalmente el tsumani se produjo, nuestras FFAA hicieron la pausa de la confirmación de tal cosa con la base norteamericana que maneja los hilos de control de estos fenómenos. La naturaleza dijo que sí. Y en Chile los encargados de defender la tierra de todos, que lamentablemente es sólo la Patria y no de la otra, sufrió el rigor con la muerte nuestro bello sur enamorado de los poetas y la muerte de hijos de esta tierra.
Y claro, se produjo “EL RELAJO”. Y la Constitución que les da el mandato de proteger a los habitantes que somos todos y hacemos un país más bello y progresista, pagamos los platos rotos del desencuentro cuando ellos no contactan a la mandataria con la rapidez que exige el cambio del desastre a una pausa mentirosa de placidez. Y vino de verdad la tragedia. El periodismo con distintos rostros cuida esa parte de la tragedia. El gobierno es víctima de los que esperan asumir. La concertación les recuerda las condenas de aquellas tragedias que desataron no las olas sino las armas. Y nadie entiende quién juzgará a los que demoraron la constatación de los daños en la zona del sismo.
Es cierto, dirán aquellos que vivieron la segunda guerra mundial cuando sobre Hiroshima y dos días después, en Japón, cayeron una y otra más de esas bombas atómicas que no han sido usadas después de aquel horror.
Quizás la tecnología nos ha emborrachado a todos, nos ha endeudado a todos, pero ha sido el camino hacia la fortuna, con autos que se hacen en Japón y son parte del tráfico de este país nuestro, grande en dramas sociales, profundo en su poesía, inteligente en saber crecer pero sin intentar hacer navegable un vaso de agua o una alcantarilla. Pero la vida es peor aún y yo, en estos instantes vivo entre la vida y la muerte de mi única hermana, Berta, la menor de los Gómez López y voy quedando solo con Margarita, Mariángel y Beatriz, en esta encrucijada que nos hizo encontrarnos en el camino que pisaron los que destronaron a un dictador.
viernes, 5 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario