martes, 2 de marzo de 2010

CRONICAS DE UN REPORTERO

POR MARIO A. GOMEZ LÓPEZ

Los pillajes en Concepción y ciudades más pequeñas tiene objetivamente razones de carencia alimenticia, porque el tsunami y el terremoto derribó todo en una alianza de gastos bancarios que hay que pagar con intereses del mismo tipo y también electrónicos.

El gobierno tiene la facultad de movilizar a todos los servicios de seguridad para proteger lo propio y los bienes de los ciudadanos. Pero en 48 horas no se vió esa protección. Los dos sismos-el marítimo y el terrenal- es cierto que desató no sólo histeria, miedo, abandono, un cerco de inseguridad total porque ya no fueron razones de comer o no comer, sino incluso defenderse de los colegas damnificados y de los derrumbes y el clima.

En la larga lista de calamidades sísmicas no hubo antes una acción tan desesperada: robar no para comer, sino televisores, como ejemplo clásico, capaces para cargarlo en los brazos y correr, huir de la vigilancia armada que fue mínima en los dos o tres primeros días. Nunca fuimos así los chilenos. ¿Qué nos ha pasado, perdimos la brújula de ayudar al vecino, que nos ha hecho cambiar el alma, que nos empuja a apropiarnos del sueño de un último modelo, a riesgo de perder la vida cuando en situaciones similares en el pasado era ayudar al vecino, salvar a los niños y los ancianos propios o del barrio, que ahora con edificios de 20 pisos, alcanzan el estatus soñado de tanto sacarle el jugo al televisor pequeño, pero sin alcance fuera del territorio propio e invadir el mundo con la señal electrónica de un receptor “rasca”.

Eso explica que el desarrollo electrónico no sólo ha revolucionado las comunicaciones, el acceso a los grandes eventos deportivos y de espectáculos; al entretenido juego de enamorarnos de la actriz, de una modelo, animadora o la dama lenguaraz en los chismes del ambiente artístico –bacán-, o el animador buenmozo, etc. etc. Es decir enriquecer los sueños de la vida fácil en un sentido tan particular.

El trabajador hogareño ya no ayuda en la cocina ni en el aseo de la casa. Estos son rasgos o consecuencias de la gran revolución tecnológica, la gran disputa del dinero fácil para adquirir ese aparato imprescindible para soñar y vagar por la acera de lo correcto y lo incorrecto, mientras la familia cría hijos pandilleros sin darse cuenta porque eso se inocula en la TV y se entrena en la población, en el barrio. Otro orgullo: si la hija menor o el hijo mayor son requeridos para alguna labor en el hogar. La respuesta es: Estoy ocupado. Y, claro, está viendo una de las 10 teleseries favoritas.

No se trata de remedar al respetable cura de mi pueblo. Pero la revolución tecnológica permite a los gobiernos reposar más horas porque los aparatitos mágicos, el trabajo de vigilancia, de comunicación y de protección, encendiendo la imaginación y los sueños a partir de sentirse protegidos, reguardados, la tecnología haciendo el trabajo de los ejecutivos y responsables de gobernar en distintas áreas.

Es en este cuadro real, que refleja como espejo un Chile cachiporra y petulante -que inocula a los ejecutivos millonarios que poseen los grandes centros de producción, distribución y venta de lo que la gente come, utiliza para la comodidad de su familia. Y nace el edificio de 20 pisos para modestos trabajadores que estrujan todas las oportunidades para que sus sueños de él y su familia, y vecinos, amigos, etc., se materialicen. Nacen las grandes empresas de la construcción y Ñuñoa, por ejemplo, empezó hace rato en la transformación de ‘la comuna con sol’ en ‘la comuna sin sol’, porque los edificios de 20 y más pisos, le quitan los rayos del astro rey a las calles, a las escuelas, a los parques y plazas.

El sistema vigente sirve al prójimo siempre que éste pague. Y empieza la bancarrota familiar y la lucha contra la cobranza implacable de los bancos. La vida cambia en el corazón y los hábitos, incluso en bajar el consumo de lo que debe alimentar a cada ciudadano. Y se acalla un clamor:

-No debemos traspasar a los medios electrónicos a la educación de los niños y adolescentes. La lectura es el defensor del alma, del saber maravilloso del ser humano. Las lecturas deben ocupar el mayor tiempo de cada joven, para compartir el deporte con la conversación. La lectura deja datos imprescindibles y enriquecedores. ¿Le gusta ese futuro? No es posible que los padres sean reemplazados por la tecnología del televisor y el status social, con un departamento de veinte o treinta pisos.

-Debemos utilizar la ciencia tecnológica para formar hombres sabios, y no crear las inmobiliarias para que se hagan millonarias construyendo edificios enfermos de usura y debilidades cementeras y un alma de respeto para con las familias chilenas.¿Como hacerlo? Pues empezar por casa, como diría mi filosófico canillita de la esquina.

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